El 1 de julio de 2016 fue el día que la Justicia decidió allanar el domicilio de su pareja, ante el pedido de paradero de sus amigas. Ese procedimiento dejó al descubierto un horroroso crimen sin precedentes y que marcó la primera condena judicial por femicidio en la historia de Tierra del Fuego.
El 24 de junio amigas de Nilda Nuñez interponían un pedido de paradero por su amiga de la cual no tenían novedades y la Policía acudió al domicilio dado, donde su pareja Aldo Núñez refería un presunto viaje a Río Grande. Esa versión fue modificando con las insistentes consultas policiales ante la persistencia de la aparición hasta que las dudas y contradicciones llevaron a solicitar el allanamiento del domicilio familiar.
En la noche del 1 y madrugada del día 2 de Julio, se llevaba adelante la medida judicial cuyo resultado horrorizaría a la provincia toda, al encontrarse solamente una de las piernas de la mujer debajo de la cama donde dormían sus propios hijos.
Los investigadores determinaron luego de rastrillajes en la zona que en una turbera vecina había signos de arrastre de lo que terminó completando el macabro contexto. Una valija tirada con los restos desmembrados del cuerpo de la mujer.
Aldo Javier Núñez de 33 años fue inmediatamente detenido y la contundencia probatoria en su contra, y de una versión consistente por parte de un sujeto de bajo nivel cultural, llevaron a un rápido juicio en el que fue condenado a perpetua.
El proceso mostró un sujeto frío ante la acusación de tan brutal femicidio, indicios de una compresión manual de asfixia y un fuerte golpe en la cabeza de Nilda –presumiblemente arrojándola contra el piso o la pared-, habría sido la causa de la muerte. Dentro de los siete días siguientes la forense determinó que Núñez procedió a seccionar el cuerpo para descartarlo, por lo que la data de muerte se estima en un margen de días de finales de junio.
Hijos menores testigos del horror
Nilda tuvo dos hijos, de 2 y 5 años al momento del hecho, los cuales fueron dados en custodia a su abuela materna en Formosa. El juicio mostró por testimonio de la mujer que, al menos el mayor de los nenes, con el tiempo le fue relatando como pudo ser testigo directo del femicidio y la posterior faena criminal.
El niño volvió a ser traído a la provincia y volvió a bloquearse en una testimonial en cámara Gesell, pero cuando pudo estar acompañado por su abuela comentó que vio el crimen, que su madre lloraba hasta que paró de llorar y que a su mamá la vio debajo de la cama con “la carita triste”
Semejante horror contrastaba con un imputado que todo el tiempo parecía abstraído de la realidad que lo rodeaba, en un juicio que conducía inexorablemente a la condena a perpetua. Si hasta su propio defensor oficial en su alegato refirió que el imputado nunca le dio una versión como para poder armar una estrategia defensiva, “Fue el peor juicio de mi vida en cuanto a desarrollo técnico” dijo el defensor oficial Gustavo Ariznavarreta y luego ensayó un alegato en el que solo pudo plantear ante el tribunal que la prueba no era concluyente para culpar a su representado.
La condena a perpetua era un resultado cantado, Núñez hoy sigue purgando esa condena en la Unidad de Detención que tendrá vigencia hasta junio del año 2066.
¿Hubo un cómplice?
Una sola respuesta quedó sin responder: ¿Cómo llevó Núñez la valija hasta la turbera sin señales de arrastre en el suelo, si no tenía vehículo?. Nunca pudo darse con un potencial cómplice que lo habría asistido en el descarte del cuerpo.
El caso fue una bandera de la lucha contra la Violencia de Género y planteó una necesidad de reformar seriamente los programas y protocolos de las instituciones que debían trabajar con esta problemática en Tolhuin, donde increíblemente al día de hoy aún restan cosas por hacer.




