La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) rompió el silencio tras las recientes declaraciones del presidente Javier Milei, quien había minimizado la gestión de la entidad en el regreso del gendarme Nahuel Gallo y sugerido que sus autoridades "se ensucian más" con cada acción.
A través de un comunicado la institución calificó las amenazas de denuncia penal como un acto de "gravedad institucional inusitada". El documento de la AFA responde a las versiones que indican que el Gobierno nacional estudiaría iniciar acciones legales por un presunto "entorpecimiento de las relaciones diplomáticas".
Comunicado AFA Repatriación
Ante las versiones sobre una posible denuncia penal contra la AFA: no hubo delito, hubo lo que el Estado no pudo hacer.
La Asociación del Fútbol Argentino tomó conocimiento de versiones que circulan en medios de comunicación según las cuales sectores del Gobierno nacional estudiarían iniciar acciones penales contra sus autoridades por haber contribuido al regreso al país del gendarme nacional Nahuel Gallo, quien permanecía ilegítimamente detenido en Venezuela desde diciembre de 2024. Ante ello, esta institución se ve en la obligación de ser clara y contundente:
No existió delito alguno
La gestión realizada por la AFA no configura ninguna conducta típica, antijurídica ni culpable bajo el ordenamiento jurídico argentino. Ninguna norma del Código Penal ni de la legislación vigente prohíbe que una institución privada, en ejercicio de su capacidad de relacionamiento internacional, contribuya humanitariamente a la liberación de un ciudadano argentino injustamente privado de su libertad en el extranjero.
La figura de “entorpecimiento de las relaciones diplomáticas” que se menciona exige, para su configuración, actos deliberadamente hostiles que obstaculicen la política exterior del Estado. Facilitar el regreso de un compatriota a su hogar es exactamente lo contrario.
Lo que quedó al descubierto no fue un delito: fue una inacción.
Durante más de quince meses, Nahuel Gallo permaneció detenido en Venezuela en condiciones que su propia familia calificó de inhumanas. Durante ese tiempo, los canales diplomáticos formales del Estado argentino no lograron obtener su liberación.
Fue entonces cuando la AFA, a través de sus vínculos institucionales en el mundo del fútbol, actuó. Y actuó con éxito.
Lo que la denuncia anunciada pone en evidencia, involuntariamente, es que el Estado falló donde una institución deportiva tuvo que intervenir. Esa es la verdadera discusión que debería estar teniendo lugar hoy.
Denunciar a quienes rescataron a un argentino es un acto de una gravedad institucional inusitada.
Resulta difícil encontrar precedentes en la historia democrática argentina de un gobierno que amenace con perseguir penalmente a quienes lograron lo que el propio Estado no pudo: traer de vuelta a casa a un ciudadano secuestrado.
Esta decisión —si se concreta— no solo carece de sustento jurídico. Revela, además, una lógica de poder que antepone el orgullo institucional al bien de las personas, y la política al derecho.
La AFA no se arrepiente. La AFA lo haría de nuevo.
Nahuel Gallo está en Argentina. Está con su familia. Está vivo y libre.
Eso es lo que importa. Y si volviera a presentarse una situación semejante, esta institución actuaría de la misma manera, porque la vida y la libertad de los argentinos no tienen bandera partidaria.
La AFA confía en la Justicia y en que cualquier magistrado que analice los hechos con objetividad concluirá, sin dificultad, que aquí no hubo delito.
Hubo humanidad.





