Este 5 de agosto se cumplen 20 años del crimen de Agustina Belén Varela, la niña de 3 años cuya muerte conmocionó a Río Grande y dio inicio a un recorrido judicial marcado por fallos contradictorios, nulidades, recursos y demoras que todavía impiden cerrar definitivamente la causa.Agustina murió en la mañana del 5 de agosto de 2006, pocas horas después de haber sido trasladada de urgencia al Hospital Regional Río Grande. Había sufrido múltiples traumatismos y una grave lesión en el hígado que le provocó un shock hemorrágico.La noche anterior había participado junto a familiares de una reunión por un cumpleaños. Su madre, Rosalía Varela, se retiró antes porque debía viajar a Ushuaia para rendir un examen y dejó a la niña al cuidado de familiares y de quien entonces era su pareja, Lucas Gabriel Gómez.Durante años, el punto central de la investigación fue determinar cuándo, dónde y en presencia de quién había sufrido Agustina las lesiones que terminaron causándole la muerte.Testimonios incorporados a la causa indicaron que Gómez había llevado a la niña al baño durante la reunión y que luego regresó diciendo que se había quedado dormida en una habitación. Más tarde, una tía trasladó a Agustina junto a otra niña y, al advertir que se quejaba y presentaba golpes, decidió llevarla al hospital.Las pericias médicas y forenses no coincidieron inicialmente en forma absoluta sobre el momento exacto de las lesiones. Esa falta de precisión fue uno de los elementos utilizados en los primeros juicios para sostener la existencia de una duda razonable. Dos juicios y dos absolucionesLucas Gómez fue sometido a dos juicios orales. En ambos resultó absuelto por el beneficio de la duda.El segundo juicio terminó en junio de 2014 con una nueva absolución, adoptada por mayoría. Los jueces Pablo Duarte de Gouvea y Miriam Edith Cristiano votaron por absolverlo, mientras que el magistrado Aníbal López Tilli se pronunció en disidencia.Sin embargo, la causa volvió a ser revisada por el Superior Tribunal de Justicia.En febrero de 2017, un tribunal integrado por jueces subrogantes revocó la segunda absolución y declaró a Gómez responsable del homicidio. El fallo sostuvo que el tribunal anterior había realizado una valoración arbitraria y fragmentada de la prueba, especialmente de los informes médicos, la franja horaria en que se produjeron las lesiones y los testimonios que ubicaban al acusado junto a la niña.La resolución también incorporó una perspectiva que hasta entonces no había ocupado un lugar central: consideró el caso dentro de un contexto de maltrato infantil y violencia contra una niña.Según la reconstrucción realizada entonces por el Superior Tribunal, las lesiones habrían sido provocadas entre una hora y media y cuatro horas antes del ingreso de Agustina al hospital. Ese cálculo resultó determinante para ubicar la agresión en el período en el que la niña había estado con Gómez. Una condena de 15 años que nunca se ejecutóTras declarar la responsabilidad penal de Gómez, el Superior Tribunal ordenó que otro tribunal fijara la pena.En julio de 2017 se le impusieron 15 años de prisión de cumplimiento efectivo por homicidio simple. Sin embargo, el condenado permaneció en libertad porque su defensa presentó nuevos recursos y la sentencia nunca adquirió firmeza.Desde entonces, el expediente continuó atravesando planteos judiciales y dificultades para integrar un tribunal que no hubiera intervenido previamente en alguna instancia del caso.El abogado de la familia, Francisco Ibarra, explicó en 2025 que los integrantes naturales del Superior Tribunal ya habían tenido participación en distintos momentos del proceso, por lo que debía recurrirse al sistema de subrogancias para analizar una nueva casación presentada por la defensa. También aseguró que Gómez continuaba en libertad y sin restricciones conocidas.La paradoja atraviesa todo el expediente: existe una declaración de culpabilidad y una pena de 15 años, pero todavía no existe una sentencia firme y ejecutable. “El asesino de mi hija está libre”Durante estas dos décadas, Rosalía Varela sostuvo públicamente el reclamo de justicia.En el aniversario número 19 expresó su desesperación por la demora y cuestionó que el proceso continuara abierto después de tantos años.“Es frustrante y desesperante. Me desgasta el hecho de pensar todo el tiempo en esto. El asesino de mi hija está libre y yo sigo esperando justicia”, manifestó entonces. También calificó de “inhumano” que la causa todavía no hubiera alcanzado una definición.Su reclamo resume la dimensión más dolorosa del caso: mientras el expediente avanzó y retrocedió entre tribunales, recursos y nuevas integraciones judiciales, la familia de Agustina debió atravesar una espera que ya lleva dos décadas. Veinte años sin un punto finalEl crimen de Agustina Varela no solo quedó en la memoria de Río Grande por la edad de la víctima y la violencia de su muerte. También se convirtió en un símbolo de las dificultades del sistema judicial para ofrecer una respuesta definitiva dentro de un plazo razonable.Hubo dos juicios, dos absoluciones, una revocación, una declaración de culpabilidad, una condena de 15 años y nuevos recursos. Pero no hubo cárcel.A veinte años de aquella madrugada, Agustina continúa teniendo 3 años en la memoria de su familia y de toda una comunidad.El expediente sigue abierto. Lucas Gómez sigue en libertad. Y la Justicia fueguina todavía tiene pendiente la resolución capaz de cerrar una de las causas criminales más complejas, extensas y conmovedoras de su historia.
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La niña que nunca tuvo justicia: a 20 años del crimen de Agustina Varela
09:38 | Agustina tenía 3 años. Veinte años después, el condenado sigue libre. Lucas Gabriel Gómez fue declarado culpable y condenado a 15 años de prisión, pero la sentencia aún no está firme. La familia continúa esperando una resolución definitiva en una de las causas más extensas y dolorosas de la historia judicial fueguina.



