La industria que supimos conseguir, y hoy no podemos reconocer

Por Federico G. Rayes Con el tiempo muchas cosas cambian y la industria también. Desde la revolución industrial hasta buena parte del siglo XX, la industria significó elaboración mecanizada, transformación física de materias primas y producción en masa. Fue tradicionalmente sinónimo de grandes plantas, escala y empleo masivo; siendo las automotrices uno de los ejemplos […]

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La industria que supimos conseguir, y hoy no podemos reconocer
Por Federico G. Rayes Con el tiempo muchas cosas cambian y la industria también. Desde la revolución industrial hasta buena parte del siglo XX, la industria significó elaboración mecanizada, transformación física de materias primas y producción en masa. Fue tradicionalmente sinónimo de grandes plantas, escala y empleo masivo; siendo las automotrices uno de los ejemplos más representativos. Gran parte de su atractivo estuvo en la posibilidad de crear empleo a gran escala, generando la transición del trabajo agrícola y conformando las urbes modernas. Los debates teóricos marcaron diferencias entre la producción industrial y la agrícola, destacando posibles senderos de desarrollo distintos para las economías sustentadas en una u otra. Con el tiempo esas definiciones se fueron desdibujando de la mano del progreso tecnológico. Hoy es usual hablar de industria del software, cultural o del conocimiento. Los servicios también se industrializan, y donde antes industria era fabricar cosas, hoy implica organizar una producción compleja y escalable, incluso de algo intangible. Entre las muchas transformaciones de este proceso, el empleo destaca por las tensiones a las que vuelve a verse sometido. Una de las cualidades fundamentales de la producción manufacturera en escala, la de demandar empleo masivo, se ve amenazada por la automatización, la robótica y la industria 4.0 de la mano de la inteligencia artificial. La tendencia global desde 1980 es ganar productividad reemplazando mano de obra humana por producción automatizada y capital intensivo. Primero tuvo lugar la deslocalización de las producciones fabriles hacia países periféricos y luego la automatización expulsó fuertemente el empleo masivo. Así, industrias tradicionales como la automotriz o la electrónica encontraron posibilidades de agregar valor también en el diseño, la comercialización y la posventa. La producción manufacturera sigue siendo más productiva que nunca y demanda trabajo altamente calificado para organizar, programar y reparar la automatización. La industria pierde así una de sus mayores cualidades: ser empleadora masiva de perfiles poco calificados. No todo es alarma. El empleo masivo parece encontrar una salida en los servicios, que pasaron de representar el 39% del empleo mundial en 2020 al 51% en 2025. Sin embargo, la inteligencia artificial también amenaza esos puestos, como antes lo hicieron la automatización y la robótica en la manufactura. Argentina no puede escapar a esta tendencia global. Tierra del Fuego también merece su espacio para la reflexión mientras busca sostener un subrégimen industrial basado en protección y mano de obra intensiva. Son tiempos de cambio mundial y comprender estos fenómenos resulta clave para orientar los procesos de transformación productiva.

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