La creciente presencia de ballenas en el canal Beagle responde a la recuperación de sus poblaciones tras el fin de la caza. Científicos analizan si los ejemplares comparten vínculos genéticos y mantienen fidelidad histórica al área.
La actual temporada de avistamiento de ballenas en el canal Beagle registra una presencia inédita de ejemplares, un fenómeno que los investigadores vinculan con la recuperación de las poblaciones tras el cese de la caza comercial. Desde el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-Conicet), los estudios apuntan a determinar si los animales que regresan a la zona pertenecen a grupos emparentados genéticamente y si el canal constituye una antigua área de alimentación recuperada.
La bióloga marina Natalia Dellabianca explicó en radio Aire Libre que la principal razón de esta mayor presencia es la disponibilidad de alimento. «Principalmente es porque hay comida que los animales vienen», afirmó, y señaló que las poblaciones de ballenas “han ido aumentando su número a partir del cese de la caza, entonces vuelven a viejas áreas de alimentación. Lo que se cree es que la zona del canal es una vieja área de alimentación».
La investigadora indicó que uno de los interrogantes actuales es conocer el vínculo entre los ejemplares que utilizan el Beagle. «Si los animales que vienen están relacionados entre ellos, más emparentados genéticamente que otros, todavía no lo sabemos», sostuvo. En ese sentido, adelantó que existen proyectos destinados a estudiar “cómo es esa relación de parentesco».
Dellabianca añadió que el regreso recurrente de las ballenas a un mismo lugar responde a un comportamiento conocido como fidelidad al sitio. «En general está dado por el caso de las hembras», precisó.
En la zona también coinciden distintas especies. La especialista explicó que las ballenas jorobadas y las sei pueden compartir áreas de alimentación y consumir las mismas presas, principalmente sardina fueguina y langostilla, aunque aún se investiga en qué proporción lo hace cada una.
Frente al incremento de ejemplares y del tránsito marítimo, Dellabianca reiteró la recomendación de navegar a 10 nudos o menos en determinadas épocas y sectores del canal. Explicó que el objetivo es «intentar evitar la colisión y en caso que igual la colisión se produzca, que el impacto en el animal sea el menor posible».
Finalmente señaló que cualquier medida futura deberá surgir del consenso entre organismos, operadores y sectores vinculados a la navegación para compatibilizar la protección.
Cultura
Investigan el regreso de ballenas a antiguas áreas de alimentación
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