Fueguinos. Imaginarios visuales de las tierras australes. Hasta el 16 de noviembre podrá verse esta exposición de fotografías de los siglos XIX y XIX tomadas por expedicionarios, científicos y misioneros en el extremo sur de América.
BUENOS AIRES (TIEMPO ARGENTINO).- Los rostros de los indígenas del sur de Argentina y Chile están surcados por el viento: son las imágenes de la exposición Fueguinos. Imaginarios visuales de las tierras australes. Fotografías de Tierra del Fuego de los siglos XIX y XX, en la sede Palacio Noel del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco (Suipacha 1422, Retiro). Son registros de los pueblos originarios australes hechos por expedicionarios, científicos y misioneros. ¿Cómo representan a esas comunidades? ¿Cómo las visibilizan desde el recóndito ojo de la cámara?
El museo abre lunes, miércoles, jueves y viernes de 11 a 19 y sábados, domingos y feriados de 11 a 20. La muestra es presentada por el Ministerio de Cultura de la Ciudad y con el apoyo de Banco Santander a través de Mecenazgo Cultural. Así lo formulan desde el museo: “A fines del siglo XIX y comienzos del XX, la fotografía formó parte de los procesos y mecanismos de colonización de las tierras australes. Aunque estas imágenes muchas veces dejaron fuera de cuadro las violencias y el exterminio al que fueron sometidos, es a través de ellas que hoy podemos reconocerlos en toda su humanidad”.
Documentos sobre los pueblos fueguinos
Sin duda “estas fotografías han contribuido de manera significativa a construir determinados imaginarios sobre los pueblos australes. Pero, sobre todo, han permitido a sus actuales descendientes conocer parte de sus historias y fortalecer sus vínculos con sus antepasados”, dicen desde el Museo Fernández Blanco. Por eso “la muestra propone una revisión de las imágenes que construyeron el imaginario occidental sobre el Sur. Estas fotografías documentan la vida cotidiana, las geografías y rituales de los pueblos selk’nam, kawésqar y yagán en medio de los procesos de colonización territorial”.
Así los presenta el museo: “Los selk’nam -hábiles cazadores de las estepas de la Isla de Tierra del Fuego- junto a los kawésqar y yaganes -diestros navegantes y canoeros de los canales del sudoeste del Pacífico y la región del Cabo de Hornos- quedaron así registrados bajo diversas modalidades visuales a través de las lentes del antropólogo Martín Gusinde y del sacerdote y expedicionario Alberto María de Agostini, entre otros”. Y la curadora invitada es la Doctora Margarita Alvarado Pérez, de Chile. Ella es investigadora en la línea de etnoestética: arte y culturas indígenas americanas y chilenas, y de los imaginarios, imágenes y representación de los nativos americanos, fotografía e identidades étnicas americanas.
Margarita Alvarado Pérez concibe: “Esto surgió en el año 2010, cuando hicimos en Chile una exposición muy grande de fotografía de Tierra del Fuego: varios investigadores trabajamos en un equipo interdisciplinario de antropólogos, historiadores y estéticos con fotografías de los pueblos originarios. Anteriormente habíamos hecho una exposición sobre mapuches, que también fue muy grande, y después la de fueguinos, que además tenía fotografías contemporáneas”. Entonces, al director del Museo Fernández Banco, Jorge Cometti, “se le ocurrió la idea de hacer una pequeña exposición y me llamaron”.
¿En qué consistió la curaduría de la muestra Fueguinos? “Empezamos a cruzar información con la gente del museo -cuenta Alvarado Pérez-; vimos cuál era el material que había, qué que podíamos mostrar, y decidimos que en esta ocasión íbamos a poner el énfasis en las fotografías del antropólogo Martín Gusinde, del sacerdote y expedicionario Alberto María de Agostini, y del explorador, militar, pintor y fotógrafo estadounidense Charles Wellington Furlong, entre otros, para mostrar cuál fue la mirada de cada uno sobre los pueblos del Sur”.
Aclara Alvarado Pérez: “Si bien yo hice la curaduría, fue un trabajo colectivo, y nuestra idea fundamental fue tratar de mostrar que son pueblos que están vivos, presentes en nuestras sociedades, y que podemos conocer parte de su pasado y su historia, y los lugares donde vivieron, a través de estas imágenes”. Lejos del relato oficial, “estos pueblos existen hoy en día. Hay pocos habitantes, pero están. En Chile están reconocidos por la ley chilena. En Argentina hay varias organizaciones. Si bien no son poblaciones mayoritarias, están activos e incluso hacen esfuerzos por rescatar sus lenguas”.
“Hoy día, en Chile, se ha hecho todo un ejercicio de que las personas reconocieran a sus antepasados en las fotografías y les fueran poniendo nombre a los fotografiados. O sea, hay todo un camino que se ha recorrido”, dice Alvarado Pérez. Además, “cuando hablamos de estas poblaciones tenemos que considerar que van mucho más allá de las fronteras republicanas, las cuales apenas tienen doscientos años. Pero estos pueblos indígenas han habitado en esos territorios desde muchos años atrás y sus tradiciones culturales quedaron plasmadas en las fotografías”.
Por ejemplo, “Martín Gusinde registra ceremonias, retrata a los rostros pintados, describe los ritos de pasaje, y esas imágenes nos han permitido conocer un poco más sobre estas culturas, a la par de las crónicas de los viajeros en los siglos XVIII, XIX y XX, así como también podemos conocer aspectos de los que comúnmente llamamos tehuelches, o el mundo mapuche”, describe Alvarado Pérez. Las fotografías de la muestra sirven “para conocer su existencia, sus costumbres, sus comportamientos, sus rituales, sus artefactos, y complementan muchos elementos del patrimonio que tenemos hoy en día en los museos”.
Hay algo a no olvidar, dice la curadora: “Una de las particularidades de la fotografía de esta región del Sur es que la mayoría de los que tomaron fotografías de los indígenas eran viajeros, expedicionarios, misioneros y exploradores. No eran fotógrafos profesionales, al revés de otras partes, como en el caso del mundo mapuche o del andino”. Entonces, la fotografía de la zona de Tierra del Fuego “tiene ese sesgo muy particular, que es esa mirada de las personas que llegan a un mundo absolutamente desconocido y que buscan captar a los personajes que les llaman mucho la atención”.
Hay un ejemplo puntual: “Martín Gusinde se plantea una investigación antropológica y él usa la fotografía como una herramienta de su trabajo -cuenta Alvarado Pérez-. También están las fotografías de la expedición francesa, que fue realizada a fines del siglo XIX en la zona de Cabo de Hornos, y fueron las primeras imágenes fotográficas que se tomaron de los yaganes. Dos expedicionarios, en el marco de una misión científica que buscaba la catalogación de especies, fotografiaron a los yaganes. Y hay un par de imágenes de un fotógrafo de Punta Arenas. Es el único que se conoce como un fotógrafo de estudio”.
Margarita Alvarado Pérez lo sabe bien: “Hay dos cosas que hay que tener en cuenta con la fotografía de los pueblos de estas regiones. Una es que la fotografía es una creación cultural. Es una representación de la realidad. Es un sistema convencionalizado de representación. Y, entonces, hay muchas cosas que son parte de la creación de quien está sacando la foto. Pero también hay una participación de los indígenas. Seguramente muchas veces no era de su agrado que los fotografiaran y hay ahí todo un tema sobre el cual se ha indagado poco”.
Otro aspecto a considerar es que “la fotografía fue un instrumento de poder -dice la curadora-. Fue un arma de ciertos procesos de colonización y estaba siempre mostrando esta idea del salvaje: de la persona que vivía en un estado primitivo, sobre todo en el caso de los pueblos de las tierras australes”.
Pero para Alvarado Pérez “no es lo único que importa de la fotografía: ella también nos trae un pedazo de lo que ocurría ahí. El referente estaba ahí frente al lente. Obviamente, las lecturas que nosotros hoy día podemos hacer de esas imágenes son totalmente distintas a las lecturas que se hacían a fines del siglo XIX, o comienzos del XX, cuando fueron sacadas estas fotografías, y por quienes fueron sacadas”.
Entonces “es un tema bastante complejo que no se puede catalogar de blanco o negro. También hay una búsqueda científica para entender al otro en esos tiempos”, señala la curadora. “Hoy día, con todos esos antecedentes, las fotografías igual nos sirven para conocer una cierta realidad, ciertos comportamientos culturales, ciertas formas de hacer y ciertas costumbres. Los pueblos del Sur sobrevivieron en ambientes que a nosotros nos parecen inhóspitos. Ellos se adaptaron extraordinariamente, con toda su riqueza cultural, y gracias a las fotografías podemos conocer cómo vivieron”.



