Es una grasa esencial que participa en la salud cardiovascular, cerebral y en la regulación de la inflamación. Sin embargo, sus principales fuentes suelen tener poca presencia en nuestra alimentación.
¿Cuántas veces comiste pescado esta semana? Si la respuesta es ninguna, probablemente tu consumo de omega 3 tenga bastante margen para mejorar.
Cuando hablamos de omega 3 nos referimos principalmente a ALA, EPA y DHA. El ALA se encuentra en alimentos vegetales como chía, lino y nueces. Nuestro organismo puede convertirlo en EPA y DHA, pero esta transformación es limitada, por eso también es importante incorporar fuentes directas, principalmente pescados grasos como atún, sardina, caballa, salmón y anchoa.
¿Y por qué son tan importantes? Porque forman parte de las membranas de nuestras células y participan en su funcionamiento y comunicación. El DHA tiene un papel especialmente importante en el cerebro y la retina; mientras que EPA y DHA intervienen en la producción de moléculas que participan en la regulación y resolución de los procesos inflamatorios. Además, sus efectos sobre la salud cardiovascular están ampliamente estudiados, incluyendo su capacidad para disminuir los triglicéridos en determinadas dosis.

¿Omega 3 bueno y omega 6 malo?
No exactamente. El omega 6 también es esencial y nuestro cuerpo lo necesita. La evidencia actual no respalda la idea de que simplemente consumir omega 6 genere inflamación. El problema de nuestra alimentación suele estar más relacionado con la escasa presencia de fuentes de omega 3, especialmente EPA y DHA, que con la necesidad de eliminar el omega 6.
Por eso, en lugar de obsesionarnos con una proporción perfecta entre ambos, podemos mirar algo mucho más práctico: ¿con qué frecuencia incorporamos alimentos ricos en omega 3?
Una buena estrategia es consumir pescado al menos dos veces por semana y sumar regularmente nueces, chía y lino.
El omega 3 no es una grasa de moda ni la solución a todo. Es un nutriente esencial que nuestro organismo necesita y que muchas veces simplemente no aparece lo suficiente en nuestro plato.
Antes de pensar automáticamente en un suplemento de omega 3, probá hacerte una pregunta mucho más simple:



