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«El perro protector fue un salvavidas para la producción ovina y hoy es una herramienta indispensable»

El ingeniero en Producción Agropecuaria y administrador de la estancia Guazú Cue repasó la historia de su familia en Tierra del Fuego, explicó cómo surgió el proyecto de cría de perros protectores de ganado, analizó el impacto de los perros asilvestrados sobre la producción y el ecosistema fueguino, detalló el proceso de selección y entrenamiento de los animales y se refirió a los desafíos que enfrenta actualmente la ganadería en la provincia.  Además, advirtió que el crecimiento de la población de perros asilvestrados se aceleró de manera exponencial durante la última década y afirmó que “tenemos medido que entre 2014 y 2024 aumentó aproximadamente 18 veces su cantidad”.  Río Grande. -El ingeniero en Producción Agropecuaria y administrador de la estancia

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«El perro protector fue un salvavidas para la producción ovina y hoy es una herramienta indispensable»

El ingeniero en Producción Agropecuaria y administrador de la estancia Guazú Cue repasó la historia de su familia en Tierra del Fuego, explicó cómo surgió el proyecto de cría de perros protectores de ganado, analizó el impacto de los perros asilvestrados sobre la producción y el ecosistema fueguino, detalló el proceso de selección y entrenamiento de los animales y se refirió a los desafíos que enfrenta actualmente la ganadería en la provincia.  Además, advirtió que el crecimiento de la población de perros asilvestrados se aceleró de manera exponencial durante la última década y afirmó que “tenemos medido que entre 2014 y 2024 aumentó aproximadamente 18 veces su cantidad”. 

Río Grande. -El ingeniero en Producción Agropecuaria y administrador de la estancia Guazú Cue, Sebastián Cabezas, aseguró que la incorporación de perros protectores permitió sostener la producción ovina frente al avance de los perros asilvestrados en Tierra del Fuego y sostuvo que la problemática excede al sector productivo, ya que también afecta al equilibrio del ecosistema.

Durante una entrevista en Buscando el Equilibrio, Cabezas repasó además la historia de su familia en la provincia, explicó el origen del proyecto de cría de perros protectores, detalló cómo se forman estos animales y analizó la situación actual de la producción ganadera fueguina.

 

Casi un siglo de historia familiar en Tierra del Fuego

 

Cabezas recordó que la llegada de su familia a la provincia se remonta a las primeras décadas del siglo pasado, cuando su abuelo dejó Córdoba para trabajar en la Patagonia y posteriormente se radicó en Tierra del Fuego.

«Mi abuelo era cordobés, como muchos fueguinos hoy. Salió de Córdoba muy joven, a los 18 años, empezó a trabajar en Patagonia y después vino a Tierra del Fuego. Él era perito contable y comenzó a trabajar en una estancia. Entre 1910 y 1920 llegó a la zona y en 1928 tomaron uno de los lotes fiscales en concesión. Desde un principio fue la estancia Guazú Cue, de aproximadamente 10.000 hectáreas», relató.

El productor explicó que originalmente su trabajo estaba vinculado a la producción ovina, los pastizales y la actividad desarrollada en el INTA, hasta que la expansión de los perros asilvestrados modificó completamente su realidad.

«La cría de perros vino como un salvavidas. Yo me dedicaba a la producción ovina y a los pastizales, pero el perro asilvestrado me cambió la vida. A partir de 2007 fue primero un golpe terrible para lo que yo hacía y después estuvimos ocho años buscando soluciones con distintas herramientas. Parecía que los perros protectores iban a ser algo inaplicable en la zona, pero finalmente desde 2014 los implementamos a escala de campo», afirmó.

 

El problema de los perros asilvestrados

 

Cabezas sostuvo que “el fenómeno del perro asilvestrado lo detectamos desde principios de los años 90. Es el perro que nace en el campo, no el que sale de la ciudad y vuelve. Fue avanzando paulatinamente hasta llegar a nuestra zona y durante años probamos alambrados eléctricos, trampas, bala y distintas herramientas, pero ninguna daba buen resultado».

Asimismo, advirtió además que el crecimiento de la población de perros asilvestrados se aceleró de manera exponencial durante la última década y afirmó que “tenemos medido que entre 2014 y 2024 aumentó aproximadamente 18 veces su cantidad. Ese crecimiento hace que cada vez necesites más animales de protección para poder sostener la producción ovina”. 

En ese sentido, advirtió que “el perro viene a meterse en el lugar del predador tope del ecosistema fueguino. Tiene una enorme capacidad de modificar toda la cadena trófica. Además, ni siquiera es un predador natural: es un animal doméstico que hace 40.000 años dejó de evolucionar para cazar. Mata de más, mata desordenadamente, de forma torpe y muchas veces nosotros interpretamos ese comportamiento como juego».

 

Los perros protectores no eliminan el problema

 

El ingeniero aclaró que “los animales de protección, sean perros, burros o llamas, son un paliativo. Permiten convivir mejor con los predadores y proteger la producción, pero no eliminan el problema. Con el crecimiento del perro asilvestrado cada vez necesitás más animales protectores».

Respecto a la comparación con los burros, indicó que «el perro puede permanecer varios días concentrado exclusivamente en proteger a las ovejas porque tiene un instinto protector muy fuerte. El burro funciona bien en sistemas más chicos, donde la hacienda está concentrada, pero en paisajes tan extensos como los nuestros el perro tiene ventajas importantes».

“Esto no quiere decir que no funcione, posiblemente en forma complementaria los burros ayudarán un monton”, comentó. 

 

Alimentación y manejo

 

Cabezas remarcó que la alimentación es determinante para el desempeño de los perros y dijo que “la práctica nos enseñó que hay que usar alimentos súper premium. Tenemos comederos de autoconsumo ubicados en lugares altos para que los perros no tengan que abandonar a las ovejas para alimentarse. Cuando usamos alimentos de menor calidad, directamente dejan de comerlos».

 

Cómo se forman los perros protectores

 

Uno de los aspectos centrales de la entrevista estuvo dedicado al proceso de formación de los animales. «Todos los perros que trabajan en el campo están castrados. Nosotros les quitamos problemas en la toma de decisiones. Primero eliminamos el sexo como factor y les proveemos el alimento, de manera que toda su energía queda concentrada en proteger al grupo», explicó.

También detalló el sistema de crianza y precisó que “los cachorros nacen y crecen con sus padres entre ovejas. Desde que abren los ojos conviven con ellas y aprenden que son su familia. Aprenden su lenguaje, cuándo una oveja está estresada, cansada o tiene hambre. Las incorporan dentro de su grupo y por eso las protegen».

Asimismo, explicó que el período mínimo de formación es de cuatro meses, aunque el entrenamiento suele extenderse y detalló que “hay un período inevitable de 16 semanas de socialización. Después pasan a una especie de escuelita donde aprenden a trabajar con alambrado eléctrico y con perros adultos que los corrigen. Nosotros normalmente no sacamos un perro antes de los seis meses y lo habitual es entre ocho meses y un año».

Sobre su reproducción explicó que “las perras no entran en celo cada seis meses, son razas grandes que de repente te entran cada siete u ocho meses, es lo más normal, así que no llegas a dos camadas en el año. Normalmente no las hacemos parir dos camadas continuas y  tienen más o menos entre seis o ocho cachorros por camada, a veces diez”.  

 

Razas elegidas y comportamiento

 

Cabezas explicó que actualmente utilizan principalmente una combinación de Gran Pirineo, Mastín del Pirineo y Maremmano Abruzzese. «Elegimos razas que tienden más a intimidar que a atacar, sos bichos que pesan aproximadamente 50 kilos. Cuando no les queda alternativa van al cuerpo a cuerpo, pero primero ladran, recorren el terreno y buscan disuadir. Razas mucho más agresivas, como el Kangal, pueden representar un riesgo para personas que trabajan en el campo o para cualquier vecino que ingrese al establecimiento», afirmó.

El productor indicó que la experiencia fueguina comenzó a extenderse hacia distintos puntos del país y resaltó que “vendimos perros a todas las provincias patagónicas e incluso llegamos a enviar dos ejemplares a la provincia de Buenos Aires. Aproximadamente la mitad de los perros que criamos salieron hacia el norte».

También sostuvo que el sistema debería implementarse de manera coordinada entre productores y aseguró que «todos los que hacemos ovejas en esa zona deberíamos trabajar con perros protectores y organizarnos en conjunto para su crianza, alimentación y manejo. Esa es la experiencia que funciona desde hace muchos años en Estados Unidos».

 

Cantidad de ovejas que pueden cuidar 

 

Cabezas explicó que no existe una cantidad fija de animales que un perro protector pueda cuidar, ya que su rendimiento depende de múltiples factores vinculados al paisaje y a la distribución del rodeo.

«Eso depende mucho del paisaje, depende de la cantidad de alimento que hay en ese paisaje, o sea de si una hectárea te alimenta una oveja o si alimenta diez ovejas. No tienen superpoderes, son perros, entonces cuanto más juntas tenés la hacienda y cuanto más fácil es el paisaje, más fácil es para ellos cuidar”, explicó.

Asimismo, comentó que “en la provincia de Buenos Aires, donde podés tener diez ovejas por hectárea, un perro puede cuidar hasta 3.000 ovejas sin problema porque están todas concentradas. Si trasladamos eso al paisaje fueguino, con monte quebrado y dependiendo también de la cantidad de perros asilvestrados que haya alrededor, nuestra experiencia indica que, como referencia general, se puede pensar en un perro cada 400 ovejas».

En ese sentido, detalló cómo funciona actualmente el sistema implementado en la estancia y precisó que «en este momento están trabajando ocho perros. Estamos un poco por encima de ese perro cada 400 ovejas. Esos ocho perros cubren aproximadamente 3.000 hectáreas durante el invierno, que es cuando las ovejas están mucho más desparramadas. En verano trabajamos en potreros más chicos y con la hacienda más concentrada y rotando, pero durante el invierno tienen que cubrir una superficie muy extensa».

 

El valor de un perro protector

 

Consultado sobre el costo, recordó los primeros años del proyecto. «Cuando compramos los primeros perros en Chile pagábamos 1.500 dólares por un cachorro de dos meses. Después decidimos tomar como referencia el valor de 20 corderos. El productor entiende rápidamente el concepto porque veinte corderos se los puede matar una jauría en una sola noche», explicó.

 

La producción ovina y vacuna

 

Cabezas sostuvo que, si bien incorporaron más ganado vacuno, la oveja continúa siendo la especie mejor adaptada a los pastizales fueguinos e indicó que “estuvimos una década trabajando mitad ovejas y mitad vacas. La oveja se adapta mucho mejor a la dinámica de nuestros pastizales, porque sus requerimientos nutricionales coinciden con el pico de producción del verano. La vaca funciona bien, pero es mucho más sensible frente a los inviernos difíciles».

 

El desafío del invierno

 

En relación con la alimentación del ganado durante las nevadas intensas, explicó que «cuando la nieve tapa el pasto hay que implementar una estrategia de alimentación de emergencia. Lo fundamental es aportar fibra larga, de más de 30 milímetros, para que el rumen siga funcionando. Si solamente se entrega balanceado, el animal no está adaptado y el sistema digestivo deja de funcionar correctamente».

Finalmente, señaló que «todos los años entrenamos a las nuevas categorías para que aprendan que cuando llega el tractor o el cuatriciclo es momento de comer. El día que aparece una emergencia invernal ya saben qué hacer y eso evita muchísimos problemas», concluyó.