A los 24 años, Nicolás Alvarado acaba de recibirse de arquitecto y vuelve a su ciudad con una idea clara: construir desde la raíz fueguina y poner el foco en la salud mental como desafío urbano. En diálogo con AIRE LIBRE FM, repasó su recorrido académico, destacó el valor del acompañamiento colectivo.
️En tiempos donde suele instalarse la idea de que “no hay futuro para los jóvenes”, la historia de Nicolás Alvarado parece ir en sentido contrario. Tiene 24 años, nació en Río Grande y en marzo se graduó como arquitecto en la Universidad Nacional de La Plata, tras seis años de formación atravesados por la pandemia, la distancia y la exigencia académica.
“Fue un logro bastante importante. Me recibí el 5 de marzo y lo siento como algo colectivo”, resume. Y se detiene en ese concepto: lejos de pensarse como un mérito individual, su recorrido está atravesado por el acompañamiento. “Hay mucha gente detrás: mi familia, mis amigos, mi pareja. Este logro también es de ellos”.
Su historia académica comenzó en el ámbito local —primaria en el EMEI y secundaria en el CEPET— y continuó en 2020, cuando decidió mudarse a La Plata. No fue el mejor contexto: el inicio coincidió con el aislamiento por la pandemia. “Me fui buscando un ambiente nuevo y terminé encerrado, en un espacio reducido y estudiando. Fue complejo”, recuerda. Aun así, logró sostener el ritmo y completar la carrera en los tiempos previstos.
La arquitectura, asegura, fue una elección temprana. Aunque en algún momento dudó —“me interesaba la criminalística, pero creo que más por lo que veía en las películas”—, el diseño de espacios terminó imponiéndose. “Había algo personal ahí, un interés propio. Si bien en mi familia hay una tradición vinculada a la construcción, nunca hubo presión”.
El valor de lo colectivo
Uno de los aspectos que más destaca de su formación es la importancia del grupo. En una carrera que describe como “muy demandante”, el trabajo colectivo fue clave para sostenerse en el tiempo. “Pasábamos todo el día juntos: cursábamos desde la mañana hasta la tarde y después seguíamos trabajando hasta la madrugada. Se vuelve un grupo de estudio, pero también un grupo de amigos”.
Esa experiencia, dice, no solo impacta en lo académico, sino también en lo emocional. “Uno descarga, comparte, se apoya. Es fundamental no transitar la carrera en soledad”.
En ese sentido, busca enviar un mensaje a quienes dudan si estudiar o no. “Yo también tenía miedo. Pensaba que no iba a poder abarcar todo lo que implica la arquitectura, que no es solo diseñar una casa, sino entender factores sociales, económicos. Pero hay que dar el paso. Tener la posibilidad de estudiar es algo que hay que aprovechar”.
Volver al origen
Hoy, ya recibido, Alvarado eligió volver a Río Grande. Y no solo como una decisión afectiva, sino también profesional. Su interés está puesto en investigar y desarrollar una arquitectura con identidad local, adaptada a las particularidades de la Patagonia.
“En La Plata te enseñan un modelo de construcción que acá no siempre aplica. Me interesa trabajar con los materiales propios de la región: la madera, la chapa, la piedra. Son parte de la idiosincrasia fueguina”, explica.
Su proyecto final de carrera es una muestra de esa búsqueda. Se trata de un centro de salud mental pensado para Río Grande, donde articula diseño arquitectónico con una problemática social cada vez más presente. “La idea es trasladar la identidad de la ciudad a un edificio que también cumpla una función de contención”.
Para el joven arquitecto, ese cruce entre lo técnico y lo social es central. “No se trata solo de resolver una casa o un espacio. Hay un valor intelectual en pensar qué identidad le damos a las construcciones”.
Entre la urgencia y el diseño
Alvarado también observa una tendencia en el crecimiento urbano local: viviendas que, por cuestiones de tiempo o costos, terminan siendo similares entre sí. “Muchas veces el cliente quiere resolver rápido, y eso es entendible. Pero el proceso proyectual necesita tiempo para pensar una idea, una intención”.
En ese punto, plantea un desafío para la arquitectura contemporánea: encontrar un equilibrio entre la urgencia y la calidad del diseño. “Hoy incluso una inteligencia artificial puede generar un modelo de casa. Pero lo que marca la diferencia es la identidad que uno le imprime”.
Aprender de los tropiezos
Como en todo proceso formativo, no todo fue lineal. Hubo frustraciones, exámenes desaprobados y momentos de incertidumbre. Sin embargo, Alvarado los resignifica como parte del camino. “En el trabajo final pensé que iba a aprobar en una instancia y no pasó. Fue un golpe, pero después entendés que esas cosas te forman”.
Por eso, su consejo para quienes atraviesan dificultades es claro: “Buscar apoyo en el entorno, no guardarse lo que uno siente. Eso alivia la carga y te permite seguir”.
A poco de haberse graduado, Nicolás Alvarado no solo representa una historia de esfuerzo individual, sino también una mirada generacional que apuesta por el conocimiento, el trabajo colectivo y el compromiso con el entorno. En su caso, con un objetivo concreto: construir espacios que, además de habitarse, también puedan contener.
(EN EL AUDIO LA ENTREVISTA COMPLETA)



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